20 marzo 2006

Viva San Patricio y la madre que lo parió

Desgraciadamente, ya estoy de vuelta de mi viajecito a la Isla Esmeralda. Esto era la prueba de fuego y la he superado de calle: me encanta ese país. Un día y medio se hace corto (seguramente, porque es realmente corto), te dan ganas de pasar del billete de vuelta y quedarte a vivir debajo de cualquier puente. Si alguna vez me pierdo, ya sabéis donde buscarme.

¿Qué me traigo de allí?: pues la conclusión de que como sea tengo acabar el proyecto y aprobar los exámenes de junio, sobre todo el de prácticas integradas. ¿Por qué?: porque para septiembre me voy a Irlanda, pero como Dios manda, sólo con el billete de ida y con la maleta bien cargada para pasar una temporada lo más larga posible (de ahí la necesidad de acabar el proyecto y si es posible la carrera entera).

El descubrimiento del viaje, sin duda, la vintage cider (ya lo cantaban The Cranberries), como no la encuentre por aquí la voy a echar mucho de menos (aunque me he traído algunas provisiones que guardaré a buen recaudo).

¿Qué más, qué más, qué más?... Mucho frío, mucho aire, ni una gota de lluvia (parece que la Irlanda típica o, mejor dicho, tópica no existe o no quiere mostrarse ante mí), gente de puta madre, las niñas con las sandalias de verano, las minifaldas muy minis y sin medias (cómo evitan la congelación aguda es algo que no he conseguido averiguar), la ley antitabaco mucho mejor asumida que aquí, las casas baratísimas...

Y mientras escribo todo esto (vuelvo a la antigua y perdida costumbre de hablar de la música que estoy escuchando en este momento) tengo de fondo un cd que me he traído de recuerdo, el O de Damien Rice (el de la BSO de Closer o La Memoria de los Peces, la porno no, la otra).

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que razón tienes, lo peor es imaginarme a un irlandés con mis guantes del Decathlon, yo ya te dije que si preparas las maletas y te vas al pueblo (EIRE), yo te visitaré varias veces. Lanzo la pregunta: ¿Alguien se viene?