15 septiembre 2010

India III

Dia 22 (lunes 6):

Salimos de Jodhpur y nos aventuramos en un pueblito de la zona, no se si menos turístico, porque en la ciudad tampoco se ven demasiados turistas. Mandore está a 70 rupias en tuc tuc. El conductor ya sabe donde hay que dejar a los turistas que van alli, así que un rato despues nos hace bajar en un parque de los de verdad, con caminos, verde, hasta tiene columpios, y un montón de cenotáfios (unos monmentos funerarios bastante grandes) en honor varios maharajas de la zona. Un par de horas, una Mirinda y una pelea entre hindúes por nuestra culpa después damos el parque por visitado y a la salida un cobrador de autobús nos mete literalmente en su vehículo. Contra todo pronóstico llegamos a un lugar bastante cercano al que teníamos intención de llegar y además bastante rápido.

Entre la comida, un lassi, un paseo y una cerveza dejamos pasar la tarde.


Día 23 (martes 7):

Muy pronto por la mañana, a una hora en que aún no hay casi gente por la calle, recogemos nuevamente el chiringuito para trasladarlo a Jaisalmer, ciudad a las puertas del desierto, y se nota: calor insoportable, volvemos a los 5 litros de agua al dia.

Jaisalmer, la ciudad dorada, es famosa por su fuerte, donde, a diferencia de en los de otras ciudades, vive gente y hasta hay hoteles. Por culpa de esto (por la eliminación de aguas residuales) se está hundiendo 9 pulgadas cada 7 años, así que si quieres verlo date prisa, porque en unos 500 años no será más que un montón de polvo (un montón muy grande, eso sí).

En Jaisalmer, también hay un lago. Un lago donde ¡no hay casi gente!. Y eso es un hecho insólito en India, así que hay que aprovecharlo. Cerveza, cena y a la cama.

-No tenemos agua.
-Bueno, da igual, ya por la mañana compramos...


Día 24 (miércoles 8):

2.00: ojos como platos. Boca como una zapatilla. Qué calor. Qué sed.

2.05: ¿habrá algo abierto?

2.10: ¿y en el edificio principal del hotel? aalí hay restaurante...

2.15: agua, me deshidrato.

2.30: no puedo más. Voy a ver que encuentro... la puerta del hotel está cerrada no puedo salir.

2.35: si no pienso que me estoy muriendo de sed igual consigo dormirme...

3.00: -¿Estás despierta?
-Vamos a por agua.

Armadas con una linterna conseguimos salir del hotel. India está muerta de madrugada. Sólo hay animales por la calle. Ni un bar, ni un hotel, ni una tiendecica abierta, ni un Opencor, ni una gasolinera 24 horas, ni una botella de agua... a la cama si beber.

6.50: ojo abierto. De reojo veo luz a través de la ventana. Ahora sí que sí. Aguaaaaaaaaaaaaaaaaa.

8.30: Despertador.

Dedicamos la mañana a visitar los 7 templos Jainistas que hay dentro del fuerte (sólo conseguimos encontrar 3, y uno de casualidad) y las havelis de la ciudad (casas viejas bien conservadas).

Por la tarde el unico plan inalterable es la siesta. Poco más luego.


Día 25 (jueves 9):

¡Al desierto! jeep hasta no se sabe donde y al camello. Esta es la izquierda, esta es la derecha, toma las riendas, cada uno conduce su camello (en realidad es como un caballo grande, pero muy grande). Pueblucho en medio de ningún sitio, pero donde los habitantes también saben pedir: galletas, bolis y como no rupis. Matojos, arbustos... comida debajo de la sombra menos tupida que hemos encontrado, siesta y vuelta al camello. Varias horas después llegamos a la única duna del Gran Desierto del Thar, que abarca India, Pakistan y Afghanistan, y es el segundo desierto más grande del mundo (¿quien lo diría?).

Nuestros guías nos hacen elegir entre quedarnos bajo el sol un rato mas para ver como ellos preparan la cena o caminar un poco hasta el pueblo (tres casas de adobe) que se ve a lo lejos para tomar algo fresquito. Dos Mirindas fresquitas después ya tienes ánimos hasta para encargar una cerveza para la cena. A la primera duna por favor.

Llegamos al campamento a tiempo para ver la puesta de Sol y para que me enseñen ha hacer chapatis. Noche cerrada, a cenar, a la luz de una linterna. ¿Qué es esto que cruje? bitels. Un par de perros que hay por alli se encargan de que nuestros platos queden bien relucientes para la comida de mañana. Paseo de noche por el desierto y a dormir.

-¿Tienda?
-Nooooo, en la tienda hace calor. Under the stars...
-Muchas estrellas no hay, de hecho está chispeando...
-Plastic.

Con un plástico por encima a modo de manta/chubasquero nos dormimos...


Día 26 (viernes 10):

1.50: ¿Qué es eso que cruje?

Eso ya lo he respondido antes, avezado lector. Escarabajos peloteros. ¡Mierda! Rodeadas de escarabajos de un salto salimos de nuestra cama-chubasquero. El guía 1 que está justo detras de nosotras se levanta, nos dice que saquemos el plástico (nos lo has echado tú por encima, listillo), saca los 15 escarabajos y el sapo del colchón, recoge su saco, se va a unos 20 metros de distancia para poder decir que no nos ha vuelto a escuchar y se duerme de nuevo. Espalda contra espalda nos quedamos mirando el cielo, que ahora si que tiene estrellas. Un rato después el guía 2 se despierta, nos mira de reojo, se va a hacer pipi, se sienta en su colchón, nos sigue mirando de reojo, y 10 minutos después se decide a preguntar qué nos pasa. Se arrepiente de haber preguntado, pero por fin monta la tienda (cosa que podía que haber hecho 5 horas antes, cuando lo pedimos por primera vez). Sin escarabajos entre nuestros pies, un rato largo después conseguimos por fin dormir.

-¡Good morning! ¡Chai!

Mecawenlap*t*. ¿Qué hora es? Demasiado pronto para la mierda de noche que hemos pasado, nos sacan de la tienda, nos dan el peor chai de toda India, 4 tostadas y al camello otra vez (qué pesadilla).

3 horas y media de camello al trote después (si cuando el camello camina te disloca las ingles, ímaginate cuando corre) nos dejan debajo de un puente, preparan la comida mientras viene al jeep a buscarnos (podrían haberle llamado antes y comemos en un restaurante, porque en India y también en Nepal, que no en España, en toooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooodas partes hay cobertura, en medio de la montaña, en medio del desierto, en cualquier parte del recorrido del tren... increible, pero cierto). A las 13.30, llegamos de vuelta a Jaisalmer, con el tiempo justo para una ducha (menos mal), comprar algo de cena y al tren, que a las 16.30 salimos con destino Delhi.


Día 27 (sábado 11):

A mediodía llegamos de vuelta a Delhi, 2 semanas después. Como no sabemos cual es nuestra estación ni qué paradas hace el tren, nos bajamos en una cualquiera, y vamos en tuc tuc. Un rato después llegamos al hotel y salimos a investigar. Con 2 semanas de experiencia en India, Delhi no es ni tan caótica, ni tan guarra, ni tan estresante como parecía a priori. Comemos en Connaught Place, damos un paseo y de vuelta al hotel y al tren, que aún no hemos acabado el Indiarail.


Día 28 (domingo 12):

Con un rato de retraso llegamos a Varanasi, la ciudad sagrada del Ganges. Como los del hotel no han venido a buscarnos, vamos nosotras en tuc tuc. Una media hora después, muy amablemente el conductor nos deja en la recepción y se despide de nosotras.

-¿Sois las españolas?
-Sí.
-Vamos para arriba. Tenemos esta habitación. Y esta. Y esta...

Qué raro. Nos habían dicho que no podían darnos la habitación que queríamos porque estaban llenos. Bueno, aquí en India hacen estas cosas, son un poco raros.

-¿Pagais ya la habitación?
-Bueno (que raro, siempre pagamos al salir).
-Son 660.
-Ya pagamos 100 por Hostelbookers.
-Ah sí...

Servicio del hotel, te enseñamos donde está el río (como si no fueramos a encontrarlo) y la ciudad y la fábrica de seda. Después de 15 minutos siguiendo al señor del hotel le digo que pasamos de él, que nos deje ver la ciudad a nosotras solas, que no le necesitamos, que es un pesao, que estoy de vacaciones, que no queremos shopping, que la seda nos importa un comino... algo reticente me da el mapa de la ciudad (que no vale para nada) y la tarjeta del hotel, que no es el que nosotras habíamos reservado (el hijop*t* del taxista nos ha llevado donde a él le ha dado la gana, y los cabrones del hotel se han callado como p*t*s).

Varanasi tampoco es tan sucia ni caótica como nos habían dicho los que nos hemos ido encontrando por el camino. Es una ciudad grande como las demás. Sucia como las demás (que es mucho más suicia que lo que aquí puede consentirse). Caótica como las demás. Vemos unos cuantos gaths, pero como el río está crecido no se puede pasear por la orilla, hay que ir entrando cada vez a la ciudad, y con la estructura de las calles se complica bastante la tarea de verlos todos. Cuando el calor ya se ha llevado toda nuestra energía vamos a la calle principal en busca de un restaurante.

Por la tarde, paseamos un rato más y nos encontramos ante la difícil disyuntiva de conectarnos a internet o darnos un masaje ayurvédico (que es una técnica típica de aquí, se ve). 3 segundos de duda después estamos en un rickshaw camino de un hotel pijo donde los dan. Se supone que más relajadas, pero con las contracturas intactas, nos dirijimos al gath principal (donde Brahma sacrificó diez caballos) donde al anochecer tiene lugar la ceremonia de agradecimiento a Ganga, la diosa del agua.


Día 29 (lunes 13):

5.30: Arriba, a ver los gaths desde el río.

No hay nada más típico en Varanasi que al amanecer meterse en un barco para ver las ceremonias que los hindues llevan a cabo en el agua de buena mañana. Desde incinerar a los muertos, dar gracias una vez más al río, pedir a los dioses por familiares y amigos hasta lavar la ropa o bañarse.

A las 13.45, con puntualidad británica, partimos de Varanasi en un tren en el que hemos conseguido meternos a las 13.44, y no sin sufrimiento, camino de Delhi, ahora ya definitivamente.

Tras salir del hotel no encontramos tuc tuc. Conseguimos parar uno pero no nos gustó el precio que nos dijo y a él no le gustó el precio que le dijimos nosotras. Ya vendrá otro, o quizá no. Caminamos hasta un cruce principal, pero nada. Caminamos por la calle por la que ayer vinimos pero nada. En otro cruce encontramos un rickshaw, nos dice que tarda 20 minutos. Bueno, tenemos casi una hora... Se mete en el atasco que ya veía cuando nos dijo que 20 minutos así que estará contabilizado en el tiempo... o no. Avanzamos poco, lo intenta por el arcén, por el carril contrario, no nos movemos demasiado. Un cartel: 2.5 railway station. Bueno, queda media hora. Avanza algo. No avanza nada.

-¿Cuánto queda?
-2 km.
-¿Todo recto? Nos vamos andando.

No le pago la carrera completa. Si sólo queda 1km. ¿No quedaban 2? Corre. Un cartel: 2,2km. Corre más. Aquí no hay atasco. Para a un tuc tuc. Nada de regatear, lo que pida que no llegamos. Otro atasco. Corra señor. Por el arcen. Adelante al bus escolar, por lo que más quiera. Otro cartel. Las 13.35. No llegamos. 13.40. ¿Esto es la estación? ¿O está por aquí? Sí, sí. ¿Sí, qué?. Stop. Ahí delante. No, aquí. Stop. Vía 9. ¿No podía estar en la 1? Lo dicho, a las 13.44, entramos en el tren, y lo único que han heredado de los británicos se ve que es la puntualidad, así que con 1 minuto de margen esntramos en el tren.


Día 30 (martes 14):

6.10: New Delhi Station. Bueno, igual llegó con algo de retraso, pero no miré el reloj. Siesta y a por Delhi.

Metro, caminata, al Museo Nacional. El señor de la Lonely Planet pasó demasiado tiempo en Goa, porque se luce con las recomendaciones imprescindibles. Templo Sij. El más grande, aunque el dorado de Amristar es más famoso. A Connaught Place a comer. Tumba de Humayun. Ducha, cerveza, aeropuerto.

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